La fiesta histórica del Castillo de Consuegra propone una experiencia inmersiva que sitúa al visitante en las horas previas a la batalla en la que se enfrentaron castellanos y almorávides. El recorrido comienza en el llamado Fonsado Castellano y permite explorar los diferentes espacios de la fortaleza tal y como podrían haberse organizado ante la inminencia del combate. A lo largo de la visita se asiste al entrenamiento de las tropas, a los turnos de guardia y a las dudas, temores y decisiones de quienes habitan el castillo. El público acompaña a un joven en los rituales que culminan con su nombramiento como caballero, se introduce en la sala en la que el rey Alfonso VI y sus hombres de confianza preparan la estrategia militar y presencia diversas escenas que muestran los afectos, tensiones y miedos cotidianos de los moradores de la fortaleza. Todo ello combina la recreación teatral con el rigor histórico para acercar el contexto de la batalla y su significado en la frontera castellano-andalusí.
La actividad se desarrolla en el Castillo de Consuegra durante el mes de agosto, por lo que se recomienda acudir con agua y calzado cómodo. El acceso se realiza mediante un autobús lanzadera que tarda entre quince y veinte minutos en llegar a la cima del cerro, aspecto que conviene tener en cuenta para llegar con suficiente antelación al inicio del pase. La visita, guiada por miembros de la Asociación Batalla Medieval, tiene una duración aproximada de dos horas, ampliable según el tamaño del grupo, y las escenas se representan en castellano antiguo o en distintas lenguas romances, reforzando así la ambientación histórica del siglo XI.
Uno de los momentos centrales de la fiesta es As-Satrany, el juego de los ejércitos, una puesta en escena de la Batalla de Consuegra sobre un gran tablero de ajedrez humano. Las piezas representan a los contingentes castellanos y almorávides y permiten seguir el desarrollo del enfrentamiento hasta su desenlace, marcado por la muerte de Diego Rodríguez, único hijo varón del Cid Campeador. La jornada concluye con una ceremonia fúnebre en la que los supervivientes rinden homenaje a los caídos y con la tradicional Danza de la Muerte, que invita a reflexionar sobre la fragilidad de la vida y el profundo valor simbólico de estos acontecimientos en la memoria histórica del lugar.