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Castillo de Uclés

Uclés
(Cuenca)

El origen del castillo de Uclés se remonta a la fortaleza andalusí que le sirvió de precedente inmediato. A lo largo del siglo IX, y sobre todo, en el X, Uclés se establece como una de las principales plazas de la Cora de Santaver, una de las demarcaciones administrativas del Al-Andalus, controlada por la dinastía beréber de los Banu Dil Nun. Concretamente sería Al-Fath quien fortificaría el lugar empleando materiales traídos directamente desde la antigua ciudad de Segóbriga. Ya durante el califato, Uclés debió convertirse en un recinto castral de importancia, incluso superando a la capital del distrito. Su posición era claramente estratégica ya que dominaba los pasos hacia la ciudad de Toledo y el valle del Tajo, pero también era paso obligado en la ruta que llevaba hacia Zaragoza. No obstante, de esta fortaleza omeya sólo tenemos algunos restos destacando la presencia de unos muros a tizón sobre el roquedo que se eleva frente a la fachada del monasterio y en algunos puntos de la zona sur del conjunto.

Con la conquista de Toledo por parte de Alfonso VI en 1085 se abre un nuevo período en la historia de Uclés. De hecho, es una de las plazas que aparece citada en el controvertido documento de la dote de la Mora Zaida. En cualquier caso, es en estos momentos cuando la población, y su fortaleza, pasarían a manos cristianas por primera vez, aunque de forma efímera. El desembarco de los almorávides en la Península Ibérica daría paso a una serie de campañas de hostigamiento y conquista que tendrían como uno de sus hitos la batalla de Uclés de 1108. Sus consecuencias principales fueron la muerte del heredero leonés, el infante Sancho, y la ocupación de la plaza por parte del imperio norteafricano. Tras esto se desarrollaría una importante labor edilicia ampliando y reforzando la alcazaba y el recinto amurallado urbano, y levantando una fortaleza secundaria en la margen oeste del río Bedija en el llamado Cerro de la Defensa.

Tras el colapso del poder almorávide, Uclés pasaría a la órbita del reino de Murcia hasta que Ibn Mardanish trocara la plaza con Alfonso VIII de Castilla. Así, en 1158 Uclés vuelve a manos cristianas siendo entregada, de forma temporal, a la Orden de San Juan del Hospital. Sin embargo, el gran hito de este período se produce en 1174 cuando el mismo monarca dona la villa y la fortaleza a la Orden de Santiago, en un acto que quedaría fosilizado en la magnífica miniatura del Tumbo Menor de Castilla. A partir de ese momento da comienzo la etapa más importante para la historia de Uclés pues se convertiría en el centro político, administrativo y religioso de los señoríos castellanos de la milicia jacobea.             Entre finales del siglo XII y principios del XIII los freires santiaguistas llevarían a cabo una profunda labor edilicia que transformaría en gran medida la fisonomía de la población, destacando, sobre todo, la erección de un castillo-convento sobre el recinto de la antigua alcazaba andalusí. Este inmueble, como otros homólogos como Calatrava la Nueva o Consuegra, respondía a la compleja realidad militar y religiosa de las órdenes militares.

La Baja Edad Media supondría una merma de la función bélica del castillo de Uclés por el alejamiento de la frontera, sin embargo, conservaría su preeminencia en otros aspectos como el administrativo, y, sobre todo, el religioso, pues se mantuvo como sede del priorato castellano hasta la disolución de la orden en el siglo XIX. Esta realidad se potenciaría aún más a lo largo del período moderno con la construcción de un nuevo edificio conventual que transformaría radicalmente la imagen del conjunto. Entre otras cosas, implicó el desmantelamiento de la mayor parte del sector norte del castillo. En contraste, todavía se mantendría en uso el sector sur, la denominada Torre Albarrana, en la que se documentan intervenciones hasta época contemporánea, por ejemplo, durante las Guerras Carlistas.

 

Propiedad: Propiedad privada, pertence a la Fundacion Fernando Nuñez. El recinto cuenta con un amplio aparcamiento gratuito junto al monasterio, accesible para todos los visitantes, ubicado en la parte superior de la población. Para llegar, antes de entrar en Uclés y justo después de cruzar el río Bedija, hay un camino que sube al monasterio.

 

Horarios de visita:

Las visitas al Monasterio y Castillo de Uclés se realizan mediante pases guiados todos los días excepto los lunes, con horarios de mañana a las 10:30 y 12:00 horas y de tarde a las 15:00 y 16:30 horas. De forma excepcional, los días 10 de noviembre y 8 de diciembre el recinto abre también en ambos turnos, ofreciendo pases tanto por la mañana como por la tarde.La visita es guiada y ofrece diferentes tipos de entrada: individual por 12€, en grupo por 10€ por persona, para menores de 12 años por 5€, y para personas con discapacidad por 10€.

Localización

El castillo-convento de Uclés se localiza en la población homónima, en la provincia de Cuenca. Ocupa la cima de un cerro que se levanta a unos 870 m sobre el nivel del mar. Geográficamente se sitúa en la ribera del río Bedija, afluente del Riánsares, donde este atraviesa una pequeña elevación del terreno denominada como la Sierra del Tesoro. Su posición le permitía controlar en la Edad Media las comunicaciones entre las zonas de Toledo y Cuenca, así como el conjunto de la llanura manchega extendida hacia el sur, lo que explica la preeminencia de este lugar.

El acceso actual al castillo es sencillo y se puede realizar desde diversos puntos de la localidad, aunque en vehículo, lo más operativo es tomar el camino asfaltado que queda al oeste hasta llegar al actual aparcamiento del Monasterio de Uclés.

 

Descripción

La fisonomía de la fortaleza de Uclés responde directamente a su singular naturaleza como sede de la Orden Militar de Santiago. Se trata de un conjunto arquitectónico realmente complejo en la que integran dos elementos, en gran medida autónomos, pero que funcionaban como uno solo: el castillo y el convento, separados y unidos a la vez por la iglesia, que servía como nexo físico y simbólico.Todo el conjunto se emplazaba sobre el cerro que dominaba la población, en el mismo espacio que ocupaba la antigua alcazaba andalusí. El castillo, del que sí quedan restos materiales de sus estructuras más meridionales, se situaba al sur; mientras que el convento, lo hacía al norte.

Órdenes militares
Personajes Históricos

Elementos arquitectónicos

El castillo de Uclés estaba conformado por dos complejos defensivos: La Fortaleza Principal, al norte; y la Torre Albarrana, al sur; conectados por un muro diafragma de más de 150 metros de longitud.

La Fortaleza Principal constituía el núcleo original del castillo. Se conformaba como un recinto aproximadamente cuadrangular con varias torres y encasamientos en su interior. El acceso principal se encontraba en el lado oeste y contaba, ya época bajomedieval, con un complejo sistema defensivo que integraba un baluarte y una barrera exterior. En este mismo sector se encontraban las principales torres de la fortaleza, las denominadas del Homenaje Vieja (al sur) y del Homenaje Nueva (al norte), ambas con varias plantas y dependencias en su interior. El lado norte estaría originalmente conectado con el convento a través de la iglesia, pero a mediados del siglo XV se separa con la construcción de varios cubos. Al este, la zona inmediata a la población, el castillo contaba con una suerte de torre adelantada y unida por un muro transversal. Finalmente, el flanco sur era, quizá, el más complejo, pues contaba con dos torres, denominadas del Palomar y del Póntido, esta última de tipología albarrana y unida a la anterior por un puente alto. Desde ella un puente levadizo daba acceso al muro diafragma.

Este singular elemento, citando en las fuentes como Coracha, se configura como un muro único de más de 150 m que recorre la cresta rocosa del cerro de norte a sur sirviendo como elemento conector de los dos sectores del castillo y, a la vez, de división de la población en dos mitades. A lo largo de su recorrido estaba flanqueado por cinco torres contrafuertes, destacando una de ellas, la de la Plata, que contaba con varios niveles interiores y dos puertas falsas.

Finalmente, el conjunto del castillo se completa con el sector de la Torre Albarrana. Este debe su nombre a un imponente torreón que se erige sobre el extremo sur de la cresta del cerro y que contaría con una estructura precedente similar de origen andalusí. A lo largo de la Baja Edad Media este espacio se va complejizando con la erección de una barrera exterior flanqueada por varios cubos artilleros, y la construcción de todo un conjunto de dependencias interiores como cocinas y caballerizas. Todo ello termina por configurar un espacio que constituía, prácticamente, una fortaleza en sí misma. De hecho, en 1567 pasa a ser el núcleo de la fortaleza tras la autorización de Felipe II para desmantelar el sector norte para la construcción del nuevo edificio conventual. Esto daría lugar a la ampliación y uso del recinto de la Torre Albarrana a lo largo de toda la época moderna.

El convento medieval se emplazaba al norte del castillo, ocupando el mismo espacio en el que en la actualidad se le levanta el monumental edificio de época moderna.

A pesar de tratarse de un edificio religioso, mantenía el carácter castrense propio de una orden militar al integrarse dentro del sistema fortificado del que también formaba parte el castillo. Así, todo el conjunto conventual estaba protegido por una muralla con varias torres que lo rodeaba por sus sectores este, norte y oeste. En esta muralla se encontraban además los accesos, destacando la portería principal ubicada en el muro oriental y protegida por una torre. Dentro de este recinto amurallado, podemos distinguir tres grandes sectores diferenciados:

El primero y principal lo constituye el complejo claustral, integrado por el conjunto de dependencias propias de un edificio monástico distribuidas en dos niveles. Por sectores, la panda meridional estaba ocupada íntegramente por la iglesia. En la panda oriental destacaba la presencia de dos capillas, la de San Agustín y la de San Miguel. La norte albergaba varias celdas, entre ellas la del prior, la enfermería, la botica, la ropería o el archivo de la orden. Y la occidental el refectorio, el dormitorio, o el estudio. A inicios del siglo XVI se añadiría un tercer nivel destinado únicamente a celdas para los religiosos.

Al norte de la clausura se situaba el segundo gran sector dentro del complejo del convento que albergaba todo un conjunto de dependencias destinadas, principalmente, a las funciones de servicio del convento: cocinas, despensa, caballerizas, graneros, habitaciones para el personal, etc. Pero también, a partir de inicios del siglo XVI, se instala allí la denominada hospedería, donde debían residir los freires caballeros previamente a la provisión del hábito, y también cuando cumplían determinadas penitencias.

Por último, un tercer sector lo conformaban unos corrales situados al norte y un amplio espacio abierto entre el conjunto claustral y las murallas. Aquí se situaban algunos elementos como una cueva-bodega, un horno de pan o el refectorio de los pobres, en el que el convento daba de comer a los necesitados que allí acudían.

 

El año 1529 marca un hito en la historia material del convento de Uclés, pues es cuando se inician oficialmente las obras del nuevo inmueble. No obstante, este proyecto fue realmente complejo y alternó fases de gran dinamismo con otras de práctica paralización que se extenderían a lo largo de todo el período moderno. El resultado final sería el monumental edificio que puede verse hoy en día. A diferencia de su precedente, tendría una disposición mucho más regular, con un gran claustro como elemento jerarquizador del espacio. El lado norte albergaría la nueva iglesia, mientras que al este, sur y oeste se dispondrían el resto de las dependencias conventuales. Estas replicarían las medievales, pero llevándolas a un nuevo exponente en lo arquitectónico, destacando sobre todo algunas como el refectorio, con un magnífico artesonado con decoración figurativa; o la sacristía, marcada por su estilo plateresco.

Multimedia

Personajes y leyendas

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