Castillo de Cogolludo
Es muy probable que ya en el siglo IX en sus comienzos se levantara una torre vigía en el lugar más alto de la loma en que hoy asienta este pueblo.
Así permaneció hasta que en el siglo XI toma posesión del territorio Alfonso VI de Castilla, y es entonces (en 1058) cuando por primera vez aparece nombrado “Cogolludo” en los documentos.
Posteriormente, en 1176, el rey castellano Alfonso VIII haría donación de esta villa, su territorio anejo y otros lugares de en torno al Henares, a la Orden Militar de Calatrava, que lo tuvo concretamente entre 1176 y 1379. Durante ese periodo de dos siglos, la Orden fortificó el lugar, levantando una primera versión del castillo, y proponiendo y ordenando a otros nobles a los que dejó en tenencia la fortaleza, que la cuidasen y reparasen. Esos personajes fueron Fernando Martínez, el infante don Enrique el Senador, hijo de Fernando III, y don Íñigo López de Orozco. A este don Íñigo la fortaleza le sirvió para afianzar su creciente señorío por el entorno del valle del Henares y la Alcarria, aunque no lo mantuvo permanentemente. Cuando la Orden se lo cedió en uso, le advirtió de esta manera: sepan quantos esta carta vieren como nos, Don Frey Garci López por la gracia de Dios Maestre de la Cavallería de la Orden de Calatrava, con otorgamiento nuestro e de… todos los otros Freyles nuestros moradores todos presentes, nuestro Cabildo ayuntado concordablemente otorgamos, que por facer bien e merced a vos Yeñego López de Orozco Alcalde de Escalona por muchos seruicios e buenos que vos e los vuestros feciestes e facedes caba delante a nos e a la nra Orden, e porque el Castiello e villa nro de Cogolludo a mucho menester de se reparar e adobar, que queremos e damos a vos para en todos los dias de vra vida el sobre dicho Castiello e Villa nro de Cogolludo con todas sus entradas e salidas, e Aldeas e vasallos e términos, e rentas, e con todas sus pertenencias… en tal manera que vós podades dello aprovechar… (Real Academia de la Historia, Colección Salazar, tomo I‑39, folio 86).
Y así llegó el siglo XIV en el que cambia de manos el castillo y la villa, y entra en la órbita de los todopoderosos Mendoza. De esta manera: en 1379 la justicia real decide que Cogolludo vuelva a ser del Rey, y Enrique II se lo dona a su hija natural, María de Castilla, que había casado con Diego Hurtado de Mendoza, almirante de Castilla. De este matrimonio, pasó a su hija, doña Aldonza de Mendoza, quien lo disfrutó muchos años, hasta su muerte en 1435, momento en que de nuevo hubo alteraciones por su herencia, interviniendo el marqués de Santillana, y quedando definitivamente concedido por voluntad real a don Fernando Álvarez de Toledo, en tenencia, de quien luego pasó a los condes de Medinaceli, quedando ya en poder de esta familia por donación de los Reyes Católicos.
La fortaleza de Cogolludo fue desde inicios del siglo XVI abandonada por sus propietarios, que construyeron sobre la plaza mayor del pueblo su gran palacio de estilo renacentista. En el castillo quedaron alcaides y tropa como vigilancia, pero todo progresivamente abandonado, hasta llegar las fechas fatídicas de la Guerra de la Independencia contra los franceses, siendo derruido el 10 de agosto de 1811 por orden del General Hugo. Y desde entonces, su ruina no ha hecho más que aumentar y afianzarse.
El acceso al castillo de Cogolludo resulta sencillo y cómodo, ya que se encuentra próximo al núcleo urbano, específicamente en una suave elevación situada al noroeste de la localidad. Esta ubicación facilita la llegada a pie desde el propio pueblo, permitiendo a los visitantes dejar su vehículo tanto en el interior de la villa como en las inmediaciones del depósito de agua. No obstante, es importante señalar que no existe un aparcamiento acondicionado de manera específica para los visitantes, por lo que el estacionamiento se realiza en zonas no habilitadas expresamente para tal fin.
Es de libre acceso y sin horarios.
Mas información en:
Localización
Asienta Cogolludo en la vertiente meridional de la Sierra Central, en tierras que dejan bajar sus aguas desde las alturas de esa sierra hacia el valle del río Henares. Durante siglos, del VIII a finales del XI, fueron tierras de frontera, en las que Al Andalus fue colocando torreones, atalayas y pequeños poblados que mantuvieran esa frontera frente a los continuados ataques desde el Norte. Ese territorio, que en la Edad Media fue escasamente poblado, reconoció una importancia estratégico como espacio fronterizo, y de equilibrio entre las potencias políticas de ambos lados de la Sierra.
El castillo de Cogolludo aprovecha la eminencia de la villa que preside, y en su mayor altura se levanta el resto de lo que fue en sus mejores tiempos y que en los siguientes epígrafes de desarrolla.
Descripción
Todos cuantos estudiosos, escritores y analistas que han pasado por Cogolludo han mirado con curiosidad este castillo, y han dejado su impresión en textos. Así, podemos recordar como don Juan Catalina García López, en 1901 decía en su Catálogo del Patrimonio Artístico de la Provincia: Muy ruinoso el castillo, aun puede verse que era de planta pentagonal con torres y cubos no muy fuertes , excepto la mayor, que mirando al pueblo flanqueaba inmediatamente la puerta de entrada. Dicha torre era hueca y la estancia inferior muestra aun una cupulilla de bien concertados ladrillos. Es seguro de que en lo que queda en pie, no hay vestigio alguno de sus primitivas construcciones, pero no es fácil señalar época a los restos actuales.
Y años después, en su libro sobre los “Castillos de la provincia de Guadalajara” don Francisco Layna Serrano en 1933 nos decía que Hará veinte o treinta años, todavía la abandonada fortaleza de Cogolludo se conservaba en regular estado, desmochadas un tanto las torres, desdentadas las almenas, agrietados los muros y con no pocas mellas la barbacana circundante, pero presentable aún. Después, fue utilizada como cantera, aprovechados sus sillarejos para construir nuevas viviendas, y si no ha desaparecido por completo ha sido porque adquirida como propiedad particular, su nuevo dueño tuvo afán en conservarla como está ya que no disponía de capital suficiente para la reconstrucción.
Más recientemente, el estudioso más notable de Cogolludo, don Juan Luis Pérez Arribas, en 1999, nos decía sobre este castillo que El castillo montano de Cogolludo, situado en un pequeño promontorio a 916 metros de altitud, domina por el sur, desde su situación privilegiada, a la villa y por el norte a La Cuesta de los Moros y el valle del río Aquende que discurre por la Vega del Cubo hacia Cogolludo. Su planta irregular se acopla a la cima del altozano sobre el que está construido, ocupando 818 m2. de superficie total; teniendo de longitud máxima 50 metros por 30 de ancho. Sus nobles ruinas no aportan datos suficientes para reconstruir con fidelidad como era en su origen. Así pues, hay que basarse en los vestigios que quedan para dar una idea aproximada de él.
No es difícil imaginar cómo fue el castillo de Cogolludo, a tenor de los restos que hoy quedan. A pesar de su importante destrucción, y el enorme aluvión de restos que colmatan su original espacio, y que en algunos lugares alcanza los 10 metros de altura, podemos describirle como una fortaleza montana, que remata una suave colina que domina el pueblo, que aparece extendido al sur del monumento, y domina también el valle del Aquende que se arrastra al norte de la loma y su castillo.
En esa postura, el castillo es de planta semicircular, teniendo su diámetro de cara al pueblo, y el semicírculo que le completa al norte. Ello está formado por un recinto que muestra siete torres esquineras, de planta circular, y macizas, unidas por paramentos de fuerte sillarejo, desmochados de su almenas y totalmente desaparecidos en dos secciones del ala norte. Una torre se alza en el comedio del paramento sur, y se sabe que tenía dos grandes torres, independientes de las esquineras de refuerzo. Una era la torre del Homenaje. Y otra era la llamada Torre de la Campana. La que hoy queda alzada, es una torre que bien pudo estar exenta, aunque protegida por la cerca amurallada, y es de planta cuadrangular pero con un espacio interior cilíndrico, que remata en altura en una cúpula hemiesférica de ladrillo macizo, en un estilo muy propio de la arquitectura defensiva andalusí. Los muros de esta torre combinan las hiladas de ladrillo con los fuertes muros de piedras calizas talladas.
La entrada debió estar junto a esta torre, en forma de acceso en codo protegido por su altura. Y el interior, suponemos estaría vacío, aunque en tiempos de uso tendría una serie de edificaciones accesorias, temporales y endebles que servirían como cuadras, almacenes y talleres, reservando el espacio de la torre para la habitación del alcaide y un escasísimo cuerpo de guardia.
Es interesante señalar que desde un comienzo, el castillo estuvo protegido por la gran muralla que la Orden de Calatrava mandó levantar también para proteger la villa. Esta muralla sí evolucionó, en dimensiones y en calidad, recibiendo su impulso final en los últimos años del siglo XV, cuando el primer duque de Medinaceli, don Luis de la Cerda, acometió la tarea de dotar a su villa de Cogolludo de unas defensas muy destacadas, porque el castillo en lo alto estaba obsoleto y apenas tenía función (ni defensiva ni administrativa) pero la villa sí necesitaba una defensa potente. De ese modo se levantó la muralla, de la que ha quedado abundante documentación escrita, y hoy guardada en los Archivos de la Casa de Medinaceli, en el Archivo General de la Nobleza sito en el antiguo Hospital Tavera de Toledo.
Por esa documentación sabemos que la muralla de Cogolludo contaba con cinco grandes puertas: la de Arbancón, de Medina, de Jadraque, de Guadalajara y de San Sebastián, y un postigo o pequeña puerta que daba salida al Barrio del Trabuquete Alto, por el Montecillo, hacia Arbancón.
Estas puertas tenían, cada una, dos torres almenadas de dos pisos, con techos de bóveda ojival de cantería y unas escaleras interiores de comunicación entre los pisos y la terraza almenada. Estaban labradas con piedras acarreadas “de la Puente Roderos”.
Además de las puertas con sus torres, la muralla estaba defendida por otras cuarenta torres almenadas, de las cuales dos tenían nombre propio por su importancia en el esquema defensivo de la villa, la del Espolón y la de la Coracha. Las torres tenían sillares en sus esquinas y el resto era de mampostería ordinaria.
Se ha calculado que el perímetro de la muralla tenía una longitud de 1.500 metros, y su altura se mediaba entre seis y ocho metros, mientras que las torres medían, generalmente, alrededor de doce metros de alto, seis de ancho y tres de fondo. La distancia entre una y otra torre oscilaba entre 25 y 30 metros. El grosor de sus muros fluctuaba entre cinco pies y medio (1,54 m.) en algunos paños, a ocho pies y medio (2,38 m.) en otros, dependiendo esto de su situación e importancia en la defensa de la villa. La parte inferior del muro estaba reforzada por un talud de sillares. Hasta la mitad de la altura de la muralla tenía un grosor y la parte superior era más delgada. El adarve o paseo de ronda tenía como defensa o parapeto el pretil sobre el que se alzaban las almenas; estas servían de defensa
A finales del siglo XVI, cuando se hicieron las Relaciones Topográficas para Felipe II, los informantes declararon a la pregunta 28 que “Al veinte e ocho capítulos dixeron:…y questá cercada esta dicha villa de cercas y murallas de cal y canto, y ques la mejor muralla que an visto en otra villa ni ciudad del reyno, y ansí lo an oido decir ser la mejor que ay en toda España, y saben que se hizo por mandato y a costa del Ilustrísimo señor duque don Luis, duque de Medina Zeli, visavuelo del duque don Juan Luis de la Çerda, mi señor, que agora es…”
En la obra de esta muralla trabajaron muchos canteros venidos del territorio cántabro. Se dividían en cuadrillas, y todos ellos fueron dirigidos por dos personajes que aparecen en la tasación de las obras, y que también laboraron en la construcción del palacio renacentista del duque don Luis. Eran Cristóbal de Adonza y Lorenzo Vázquez de Segovia. Como un ejemplo de lo realizado, reflejo aquí el texto de la tasación de una de las puertas, por el que se colige que debían ser monumentales: “Tasaron las esquinas de las esquinas, las de dentro y de fuera de las torres e puerta e arrcos e batientes e capiteles e salientes de los arrcos que son de moldura e todo lo labrado de molduras e llano que en las dichas torres e puertas está…” Ello viene a declarar la buena traza, la mejor hechura y la belleza y sensación de seguridad que la muralla en torno a la villa y al castillo concedía a sus habitantes.
Al fin debe decirse que el castillo de Cogolludo es hoy una ruina completa, con derrumbes interiores y en su torno que en algunos puntos alcanzan los 10 metros. Y que sería una tarea muy plausible que al menos se intentara su limpieza, retirada de escombro y colocación de un pequeño centro de interpretación que le diera visibilidad, aunque todo ello todavía está en función de la propiedad, que es particular.
Modelo 3D
Personajes y leyendas
Eventos culturales
Rutas recomendadas
Recorre antiguas fortalezas, descubre paisajes impresionantes y revive las hazañas de caballeros y reyes. Planifica tu aventura perfecta y déjate sorprender por el legado medieval que te espera en Castilla-La Mancha.





