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Castillo de Zorita de los Canes

Zorita de los Canes
(Guadalajara)

La medina de Zorita y su alcazaba fueron construidos en la época emiral con las piedras de la ciudad de Recópolis, según recoge el historiador andalusí al-Razi (887-955) en la descripción geográfica que abre su “Historia de los soberanos de al-Ándalus”. Una noticia confirmada por la información que nos ofrecen las campañas arqueológicas que en las últimas décadas se viene realizando en aquel yacimiento, que ponen de manifiesto el progresivo abandono de la ciudad, mandada construir en el 578 por el rey visigodo Leovigildo en honor de su hijo Recaredo, tras la conquista musulmana de la Península.

Situado a menos de kilómetro y medio de Recópolis, el cerro en el que se levantó la alcazaba y la medina de Zorita, con una dimensión mucho menor que la que ocupaba la ciudad visigoda, que se extendía nada menos que por unas 33 hectáreas, cumplía mejor en aquellos momentos la función de control y defensa del paso del Tajo. Especialmente cuando a partir de las décadas de mediados del siglo IX los emires tuvieron que hacer frente a diversas rebeldías producidas en la cora de Santaver y otros territorios del entorno de Toledo. Siendo de destacar que la nueva fortaleza jugó un papel importante, tanto en la campaña del año 886, cuando Ibn  Hatsum partió de aquí para saquear Toledo, como en la del 924, cuando el ya califa Abd al-Rahmán III usó la alcazaba como base para recuperar Santaver.

Su posición estratégica volvió a ponerse de manifiesto en la campaña de la conquista cristiana del conjunto de la taifa toledana. En el llamado pacto de Cuenca (1080), en el que se establecieron las condiciones de la ayuda del Alfonso VI al rey toledano al-Qadir para que éste recuperara el control de su capital, que había sido ocupada por al-Mutawakkil, el rey de la taifa de Badajoz, el monarca leonés exigió, además del pago de una gran cantidad económica, la entrega de varias plazas fuertes que le permitían el control de todos los accesos a Toledo. Una de aquellas posiciones era la de Zorita, ocupada inmediatamente por tropas cristianas, que reforzaron sus defensas según el testimonio del historiador musulmán al-Kardabus.

Pocos años más tarde, tras la rendición de Toledo, pactada por al-Qadir y Alfonso VI en la capitulación de 1085, Zorita siguió jugando un papel fundamental. Entonces se acordó que a cambio de la entrega de la capital junto a las principales ciudades del reino, las tropas castellanoleonesas ayudarían al taifa toledano a recuperar Valencia. Así, Zorita aparece en la documentación fechada en aquellos primeros años tras la ocupación cristiana del territorio toledano formando parte de la llamada en las crónicas coetáneas la “Tierra de Alvar Fáñez”, el caudillo cristiano que comandó las tropas que ayudaron a al-Qadir a tomar posesión de Valencia.

Un territorio al que también pertenecían Uclés, Cuenca y Alarcón. Un sector que sufrió continuos ataques una vez que los almorávides se hicieron con el control de Al Andalus y emprendieron diversas campañas encaminadas a recuperar Toledo. Pero, aunque una parte importante de dicho sector oriental de la antigua taifa fue recuperada por los musulmanes, especialmente tras la batalla de Uclés de 1108, Zorita resistió y continuó en posesión de aquel famoso personaje hasta su muerte en 1114, como quedó recogido en la documentación de las Cancillerías de Alfonso VI y la reina Urraca I. La importancia de la fortaleza vuelve a ser señalada décadas después en las crónicas del reinado de Alfonso VIII, durante las contiendas de la minoría de edad del monarca, pues tuvo que ser sitiada por el ejército real en 1169 durante varias semanas en el contexto de los enfrentamientos entre Laras y Castros por el control del reino y la tutela del rey niño.

El papel estratégico de Zorita marcó definitivamente su destino. Cuando los almohades, una vez que derrotaron a los almorávides, se hicieron con el control de Al Ándalus, Alfonso VIII decidió instalar a las órdenes militares en las principales fortalezas que custodiaban los pasos del Tajo aguas arriba de Toledo y las que servían de apoyo a las mismas para garantizar la defensa de la capital y el conjunto del reino toledano: a la Orden de Santiago Alarilla y Oreja en 1171 y Uclés en 1174; y a la Orden de Calatrava Zorita en 1174 y Almoguera en 1174.

Desde entonces y hasta el final de la Edad Media, Zorita formó parte de los señoríos calatravos como cabeza de una de sus principales encomiendas. De manera que los comendadores al frente de la villa y su castillo participaron de manera activa en el devenir de la historia política de la Orden, especialmente en los momentos conflictivos de las minorías de Fernando IV () y Alfonso XI ().

Ya en el siglo XVI, desaparecida la importancia estratégica de la fortaleza, en el proceso de las enajenaciones de las propiedades de la Ordenes Militares que la Monarquía Hispánica emprendió, Zorita y su castillo fueron vendidos por Felipe II al Príncipe de Éboli en 1565. De él lo heredaron sus sucesores, ya como Duques de Pastrana, Casa a la que pertenecieron hasta que en 1732 fueron vendidas a Juan Antonio Pérez de la Torre, antecesor de los condes de San Rafael. Familia a la que perteneció el castillo hasta la década de los ochenta del siglo XX en que la fue vendido por un precio simbólico al ayuntamiento de la villa.

Propiedad: Pertenece al Ayuntamiento de Zorita de los Canes, estando integrado en el parque arqueologico de Recópolis.

Para planificar tu visita, recuerda que el acceso al recinto se realiza a través del Parque Arqueológico, donde encontrarás información actualizada sobre los horarios de apertura y las tarifas vigentes.

Localización

El castillo de Zorita de los Canes ocupa todo el cerro que domina la cita villa, situada en la comarca denominada Alcarria Baja. Fue levantado en la orilla izquierda del río Tajo, al final del gran meandro que su cauce describe recién salido de las estrechuras por las que discurre desde las Entrepeñas de Sacedón al Salto de Bolarque. Un lugar en el que terminan las últimas estribaciones de la Sierra de Altomira y comienzan anchos campos cultivables, que hacen fácil el cruce del río.

Una ubicación que permite el control de las rutas que desde la Antigüedad comunicaban el Levante, pasado por Cuenta, tanto con Toledo como con la Meseta Superior. También confluía en aquel paso del cauce del Tajo alto el camino que, desde La Mancha, pasado por Uclés, se dirigía a Toledo o a Complutum.

Descripción

Todo el peñasco que corona el cerro de Zorita estuvo ocupado por la alcazaba musulmana, cuyos muros se ajustaban a las condiciones del terreno, continuando los diez o doce metros de altura de las paredes verticales de lastra tobiza sobre la que se asentó.

De la construcción andalusí original sólo queda la puerta de ingreso a la fortaleza desde el interior de la medina y unas pocas hileras en los arranques varias de sus torres y de los lienzos de algunos muros, pues la Orden de Calatrava la reformó de forma radical, reforzando sus fortificaciones y reduciendo su tamaño, separando una parte de la alcazaba islámica del conjunto mediante un profundo foso.

A pesar de que en la actualidad gran parte de las edificaciones presentan un estado muy deteriorado, a través de las abundantes referencias que proporcionan las «visitas» realizadas por los responsables calatravos a la fortaleza durante los últimos años del siglo XV para inspeccionar su estado y marcar los arreglos necesarios para su mantenimiento, se pueden identificar por su nombre cada una de las torres existentes en la fortaleza e identificar diversas dependencias de su interior.

En una teórica aproximación aérea –para lo que se propone seguir el plano que se adjunta — se observa que los muros este y oeste del castillo, los que dan al valle del Badujo y al interior de la ciudad, estaban precedidos por sendas antemurallas que discurrían paralelas a ellos formando las dos barbacanas de la fortaleza, que no existieron en el periodo musulmán. De esta manera, en el siglo XIII, el acceso al interior del castillo se debía hacer obligatoriamente por una de esas dos barbacanas.

Directamente desde el exterior, por el este, desde el barranco del arroyo Badujo, avanzando por lo que podríamos denominar camino de ronda, flanqueado a un lado por el muro de la propia fortaleza y al otro por la antemuralla, hasta la puerta situada en el extremo noroeste del castillo. Construida a tono con los sistemas defensivos más sofisticados de la época en que se levantó, finales del siglo XIII: dos potentes arcos apuntados que dejan en medio un espacio cuadrado a cielo raso, la buharda, por donde se podían tirar toda clase de objetos arrojadizos. La inscripción sobre el arco exterior nos informa de la fecha exacta de su construcción y el nombre de su promotor: “Don Pero Díaz me fecit … era de MCCCXXVIII …” (1290). Personaje y fecha avalados por la documentación: en un documento conservado en el archivo municipal de Almonacid, Pero Diaz, comendador de Zorita, vende unas propiedades situadas en el término de dicha aldea.

Formaba esta puerta al estar adosada a los muros del castillo una verdadera torre albarrana, que recibe dos nombres diferentes en la documentación medieval. En la «visita» de 1491 se habla de ella como la torre «del Cambron», señalando que era necesario su arreglo para evitar que se hundieran sus suelos y se cayera la «otra torre que se levanta dende el suelo y la envyste fasta la mitad «. Una referencia suficientemente ilustrativa que permite identificarla sin ninguna duda con la torre albarrana que daba paso al albacar. En la «visita» de 1494, esta torre es denominada como «del Espolón». Al describir la fortaleza al cumplimentar las llamadas Relaciones topográficas de Felipe II en 1575, los vecinos de Zorita la denominan torre de los Vizcainos e informaron que Rui Gómez de Silva, el príncipe de Éboli, había realizado ocho años antes una profunda reforma de este acceso, alterando alguno de sus accesos.

Una vez sobrepasada esta puerta se seguía por una corta depresión, muy ligera, que ascendía hasta la meseta para llegar inmediatamente ante otra puerta, hoy desaparecida, que estaba abierta en la muralla del albacar en el punto donde convergía ésta con el foso. En esta zona del cerro que corona Zorita, separado del castillo por el foso, se situaba la Judería.

Estaba separada esta explanada exterior, o albacar, del castillo por un foso, aún visible en la actualidad, excavado en la roca, por lo que para entrar en el recinto principal de la fortaleza había que cruzar el correspondiente puente levadizo, protegido por dos torres que reciben los nombres “del Cuerno” y “del Gallo”, respectivamente. En el texto de la «visita» de 1494, tras hablar de la del Espolón, se indica que era necesario «reparar dos terminados de otra torre, que esta entremedias de esta (la del Espolón) et la del Gallo» Esta torre del medio, que necesitaba reparación, recibe el nombre de torre «del Cuerno».

También en lo referente al albacar, la explanada de la parte de la cima del cerro que los calatravos dejaron fuera del castillo, separada del mismo por el foso, son muy interesantes las noticias recogidas en la Relación de 1575. Aunque en este caso el relato de los vecinos es un tanto confuso, nos informan de que en ella existía un pozo “de hasta tres o quatro estados de hondo”; y estaba separada así mismo del resto de la villa por “una muralla echa de Cal muy buena y cantos de arena, y de toba”. En esta cerca se abría una puerta, llamada precisamente “del Pozo”, desde la que se pasaba a la Judería. Según parece, la Judería se extendía desde esta parte del albacar, ladera abajo, hasta la muralla de la villa que se alzaba por este lado siguiendo el curso del arroyo Badujo.

Llegar al interior de la fortaleza por su otra entrada, la que accedía a ella desde dentro de la villa, ofrecía similares dificultades, ya que también por aquí se desarrolló un complejo sistema destinado a proteger este acceso. A esta entrada se llegaba desde las calles superiores de la villa por el correspondiente camino de ronda de la barbacana de dicho lado oeste. Una vez allí dentro, había que seguir un complicado zigzagueo ascendente producido por pasadizos y puertas situadas estratégicamente hasta llegar ante la puerta principal. Esta zona del castillo es la que conserva los elementos constructivos más antiguos, y donde se puede seguir la evolución de la fortaleza desde el siglo IX hasta el XVI. El arco de herradura aún existente formaba parte de la puerta de época islámica, compuesta por dos pares de mochetas de los que ha desaparecido un par y por dos torres flanqueando la entrada con proyección hacia fuera. Posteriormente, ya en época cristiana esta puerta se precedió por una buharda de casi medio metro, dándole entrada un arco apuntado con ranura en medio para el rastrillo.

De los muros del castillo, lo que más interesa señalar es que, aunque sin duda fueron remozados y rehechos reiteradas veces siempre que fue menester a lo largo de los siglos, aún enseñan en las partes inferiores su aparejo musulmán con carácter generalizado. El mismo fenómeno es constatable, también, en las restantes torres, que brevemente pasamos a describir a continuación.

La principal era la del «Homenaje», que estaba situada en el extremo sur, el punto mejor defendido del castillo: un inmenso torreón cuadrado, al que en la actualidad le falta un piso, con paredes muy gruesas (más de metro y medio de espesor en lo más alto); en su parte inferior alojaba varias estancias y corredores, uno de los cuales va a dar a la plataforma del baluarte artillero –añadido ya en el siglo XVI– en que termina la fortaleza en ese extremo.

En todas las «visitas» a la fortaleza de finales del siglo XV en que se citan sus torres, tras hablar en primer lugar de la del Homenaje que acabamos de describir, se nombra a continuación la torre «de las Armas». Identificada con claridad en la «visita» de 1494 donde se indica “que esta sobre la capilla de la Yglesia». Es decir, se trata de la torre circular que se alza en el lado este de la fortaleza que cobija el ábside de la iglesia del castillo, asomándose al valle del Badujo; a ella se sube desde el interior de la propia iglesia, por escalerilla de caracol que se abre en su muro.

Ninguna dificultad hay para identificar la torre «Cuadrada»; el hecho de que la siguiente torre del muro tenga precisamente esa forma y que en la «visita» de 1494 se contemplara la necesidad de realizar algunos reparos en el trozo de adarve situado «entre la torre que dizen delas Armas et la torrezilla quadrada», no deja ningún lugar a la duda. Por su situación, la torre circular que aparece a continuación de la cuadrada siguiendo el muro no puede ser otra que la denominada «del mirador de Vadujo», citada tras la anterior en la «visita» de 1494. Siguiendo el circuito del castillo llegamos a la torre del Cambrón, ya descrita, pues, como se ha dejado indicado, es la que custodia la entrada a la fortaleza desde el exterior del barranco del arroyo Badujo.

Por último, la única torre que existía en el muro oeste, de la que se dice en la «visita» de 1494 que estaba «sobre la puerta principal dela fortaleza», cuya descripción se ha dado con cierto detalle al hablar de aquel acceso, es nombrada como torre «del Maestre».

Dentro del recinto fortificado, donde en la actualidad reina una desolación casi absoluta, la documentación medieval nos permite identificar un elevado número de estancias. Al parecer estarían distribuidas en una o más alturas en torno a dos espacios: un probable patio central (situado donde aún se ven los restos del aljibe y del pozo principal) y el llamado corral de los Condes, situado entre la iglesia y la torre del homenaje.

En el interior, en pie hoy sólo quedan la iglesia y la llamada “sala del moro”. Aunque lamentablemente se ha de indicar que la primera, tras su hundimiento en 1942, sufrió una restauración un tanto desgraciada, en la que sobran demasiado cemento y hormigón. Por fortuna, contamos con descripciones anteriores a esa fecha y diversas fotografías de los años 20 y 30 del siglo pasado. De una sola nave (15 m. de longitud por 4,50 m. de anchura), con bóveda de medio cañón y cripta, no tenía ninguna influencia ojival ni en la portada ni en las estrechas ventanas; para el ábside circular se aprovechó una de las torres de la fortaleza que da al valle del Badujo. El aspecto más discutido de la iglesia del castillo es el de su cronología. Asunto sobre el que nos da una pista valiosa el cronista calatravo Rades y Andrada, quién en 1572, al tratar del castillo de Zorita, recoge que tras la caída de Salvatierra (1195) el maestre y los freiles que se salvaron se refugiaron en dicha fortaleza hasta que fueron recuperadas de nuevo primero Salvatierra (1198) y luego Calatrava (1212), añadiendo que «esta es la causa por la que en el castillo de Çorita ay una Yglesia a manera y forma de conuentual».

Desde el actualmente destruido atrio porticado de la iglesia se pasaba al «Corral de los condes», un recinto circuido de muros aspillerados cuya finalidad era la de cementerio, dado que en la parte exterior de la pared de la propia iglesia que lo limita por el norte quedan huecos de dos enterramientos en los que se ven cruces de calatrava. Un espacio que ha sido excavado en varias campañas durante los últimos años.

Por el sur, y frente por frente de la iglesia, cierra este espacio el torreón identificado como del Homenaje, en cuyo interior se conserva una construcción abovedada, parcialmente excavada en el suelo, llamada tradicionalmente «Sala del Moro», única estancia que merece especial atención de lo poco que se conserva en la actualidad junto con la iglesia.

Así las cosas, hasta que los trabajos arqueológicos realizados en los últimos años se continúen y nos vayan ofreciendo resultados ciertos, nos tenemos que contentar con citar por su nombre las múltiples estancias nombradas en la «visita» de 1491,  que es la que más detalles nos da del interior de la fortaleza: la bodega del vinagre, la ferreria, el horno, la casa de la cevada, la bodega del algibe, el pozo, la bóveda del corral, la cueva de la cárcel de los condes, la bodega de debajo de la torre del homenaje, la cámara del bastimento de las cocinas, el aceitero …”.

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