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Calatrava la Nueva

Aldea del Rey
(Ciudad Real)

El castillo-convento de Calatrava la Nueva se construyó por la Orden de Calatrava después de la batalla de Las Navas (1212) para sustituir a Calatrava la Vieja como sede principal de dicha institución. En este lugar existía ya una fortaleza previa, el castillo de Dueñas, de filiación cristiana (2ª mitad del siglo XII). Este castillo fue posesión del mayordomo real don Rodrigo Gutiérrez que en 1191 decidió ceder la mitad del mismo a la Orden de Calatrava y tres años después, sus herederos, vendieron el resto a dicha institución. Tras la batalla de Alarcos (1195) pasaría a manos almohades, para ser recuperado por Alfonso VIII en 1213, siendo devuelto a la Orden de Calatrava. A partir de entonces comenzarían las obras de ampliación y adaptación de la fortaleza a las necesidades conventuales de los freires, estando ya en condiciones de servicio en 1217.

Desde sus orígenes, el nuevo edificio se convirtió en lugar de residencia de la principal dignidad de la orden, el maestre, y en sus dependencias se llevaron a cabo reuniones al más alto nivel, entre las que destacaba la del cabildo calatravo. No obstante, el alejamiento de la frontera, lo incomodo del lugar, unido al proceso de aristocratización que sufrió la orden a partir de finales del siglo XIII, motivaron que desde dichas fechas la sede maestral fuera trasladada a la villa de Almagro. A pesar de todo, ciertas reuniones solemnes seguían realizándose en el convento, como por ejemplo las ceremonias de profesión de los caballeros, la toma de posesión canónica del maestrazgo o el capítulo general destinado a nombrar a los nuevos maestres.

No pasó lo mismo con la institución prioral. Debido al carácter no solamente militar sino también religioso de la Orden de Calatrava, nuestra institución contaba con todo un conjunto de freires clérigos a cuyo frente se situaba el prior. Su sede era el castillo-convento de Calatrava la Nueva y junto a él, solían residir también allí un subprior, el sacristán mayor y el resto de los freires que formaban el convento.

La guarda del castillo y convento de Calatrava la Nueva era responsabilidad del clavero (cillero o mayordomo), tercera dignidad en importancia de la orden de Calatrava tras el maestre y el comendador mayor. Lógicamente, las funciones estrictamente militares eran desempeñadas por el alcaide de la fortaleza, normalmente un caballero, llamado subcomendador de Calatrava o subclavero.

Aunque el castillo-convento de Calatrava la Nueva se erigió en plena vanguardia fronteriza, en un momento aún de incertidumbre frente al imperio almohade, de manera paradójica nunca participó directamente en las grandes batallas frente al Islam, debido al rápido avance de la reconquista en tiempos de Fernando III. Con todo, esto no significa que nuestro castillo perdiera por completo la función militar. En efecto, abemos que la fortaleza participó activamente en algunos de los hechos de armas que salpicaron la convulsa historia de la orden durante los siglos XIV y XV.

La faceta religiosa y asistencial fueron por tanto fundamentales en la vida de Calatrava la Nueva. Como convento, albergaba todas las dependencias típicas de esta institución: una excepcional iglesia, donde gustaban de enterrarse las principales dignidades de la orden, un claustro, un refectorio, dormitorios para los freires, etc. No se descuidó tampoco la faceta cultural y formativa de los novicios y para ello el convento estuvo dotado de una gran biblioteca, hoy perdida. También conocemos la ubicación del archivo general de la orden, en este caso dentro del castillo. Por supuesto tampoco se descuidó la labor hospitalaria. El recinto contaba con enfermería y hospedería.

Durante la Edad Moderna, el sacro castillo-convento de Calatrava la Nueva siguió cumpliendo con sus funciones religiosas, formativas y asistenciales. Era además el símbolo por excelencia del señorío de la orden, cabeza de muchas de las rentas de las que disfrutaban sus dignidades. Tras la frenética actividad constructiva de la primera mitad del siglo XVI, el XVII se presenta como un período de crisis económica que afectó sensiblemente al estado de la fortaleza. Como colofón, el 1 de noviembre de 1755 se produjeron cuantiosos daños en el edificio por efecto del terremoto de Lisboa.

Finalmente, como uno de los signos más evidentes de los nuevos tiempos, el convento fue abandonado a principios del siglo XIX al optar sus ocupantes por trasladarse a la cercana villa de Almagro (1802). Inmediatamente después comenzó el expolio de los bienes y materiales del edificio, provocando el estado ruinoso que aún hoy puede apreciarse. Sería ya bien entrado el siglo XX cuando comenzaron las obras de recuperación de la fortaleza, incluyendo excavaciones arqueológicas y restituciones volumétricas en varios de sus edificios.

Propiedad: Publico, pertenece a Junta de Comunidades y esta gestionado por el Ayto de Aldea del Rey

En coche hasta unos aparcamientos que hay en la parte baja del recinto amurallado. Entrada remunerada la cual se compra en el interior del castillo.

Horarios de visita:

Se puede visitar de martes a domingo, de 10:00 a 18:00

Localización

La extraordinaria fortaleza de Calatrava la Nueva se sitúa en lo alto del llamado cerro Alacranejo, una de las elevaciones del macizo de Calatrava. Al norte de esta sierra se abre paso el fértil valle del Jabalón, por el contrario, al sur dominan los espacios baldíos, pastos y monte, consecuencia de las dificultades orográficas que se acumulan como antesala de Sierra Morena.

Desde su posición se controla perfectamente el puerto de Calatrava, sobre todo su entrada meridional, por donde pasaba uno de los caminos que unían Andalucía con la Meseta. También era paso obligado de las cabañas trashumantes (cañada de Las Vacas), con un abrevadero situado en el mismo puerto.

El acceso actual a la fortaleza se realiza a través de un camino que partiendo del puerto y dando la vuelta al cerro, asciende hasta llegar al recinto. Se trata de un camino ancho y empedrado, apto para el uso de carros y caballerías, documentándose que fue pavimentado en 1560 con ocasión de la visita de Felipe II.

Descripción

Nos encontramos ante un recinto sumamente complejo, formado por cuatro grandes conjuntos: el castillo (antiguo castillo de Dueñas, aunque modificado por los calatravos), las estancias conventuales (incluida la iglesia), un amplio espacio a modo de albacar conocido desde antiguo como la villa vieja y, por último, una triple muralla defensiva.

Elementos arquitectónicos

Ocupa el núcleo central del sistema defensivo, en la parte más alta e inaccesible del conjunto. El edificio cuenta con cuatro torreones con diversas estancias en su interior, una gran estructura prismática dividida en dos pisos que actúa como torre del homenaje y un patio de armas que sirve de distribuidor de todo el conjunto. Se trata en realidad del primitivo castillo de Dueñas (siglo XII), aunque los calatravos tuvieron que hacer en el mismo numerosas obras de adaptación y reforma.

Los espacios inferiores del castillo solían dedicarse a almacenes, caballerizas o instalaciones industriales (tahona). Las habitaciones principales estaban en los pisos superiores, por lo que a partir del siglo XVI fue necesario ampliar las estrechas aspilleras primitivas para convertirlas en amplios ventanales.

Sabemos que había espacios destinados a almacenar el armamento militar o la munición, como la sala de armas situada sobre el corredor de los arcos y el polvorín ubicado entre la torre oeste y sur. También existía una mazmorra en la planta baja del torreón norte, al menos a partir de 1537.

La guarnición militar de la fortaleza no fue nunca muy numerosa. La morada de este personal fue sin duda el castillo, salvo quizás el caso del portero y su personal dependiente que residían de manera habitual en la portería, junto a la puerta de Hierro. Los caballeros tenían reservada una habitación abovedada en la torre oeste. Finalmente, como centro del poder político-militar de la orden, sabemos que el castillo pudo ser residencia temporal del maestre; pero, sobre todo, fue el lugar de asiento del alcaide o subcomendador de Calatrava. Sus aposentos estaban situados en la segunda planta del torreón sur.

Como centro administrativo la principal tarea del castillo era custodiar el archivo de las escrituras de la orden. Se trata de una pequeña estancia abovedada situada en el piso superior del torreón este, justo encima del zaguán de entrada a la fortaleza. Este espacio había sido destinado con anterioridad al servicio religioso, conociéndose como la iglesia de San Bernardo.

La iglesia es muy amplia, inapropiada e inusual en un castillo, pero adecuada para atender las necesidades espirituales del convento. Consta de tres naves abovedadas, siendo la central más ancha que las laterales. Cada nave está rematada en su correspondiente ábside. El central albergaba el altar mayor y los laterales, más pequeños, custodiaban sendas capillas: la de los Girones, al norte y la de los Guzmanes, al sur.

El edificio está concebido dentro de las pautas estéticas cistercienses, por lo que domina la sencillez y austeridad en sus líneas y elementos decorativos (siglo XIII). Destacan las capillas laterales del edificio que albergaban los sepulcros de las principales dignidades de la orden. Nos consta que estaban ricamente decoradas y fueron abiertas entre finales del siglo XV y la primera mitad del XVI. Junto a ellas se abría el relicario, la sacristía y otras dependencias.

A los pies de la iglesia, hacia el mediodía, se extendía el llamado campo de los mártires, el cementerio destinado a albergar los restos de los miembros fallecidos del convento. A continuación, adosado al castillo, se levanta un pequeño edificio religioso. Se trata de una capilla acogida a la advocación de Nuestra Señora de los Mártires.

El claustro del convento se adosa al muro sur de la iglesia y se comunica con ésta a través de una puerta. En la actualidad se encuentra muy arruinado, aunque quedan restos de los pilares que en época moderna sujetaban la arquería. El claustro constituía el elemento central del conjunto conventual. A él daban no sólo la iglesia, sino también la sala capitular, situada en su lado este, el refectorio y la cocina. La sala capitular era uno de los espacios más nobles del conjunto. Se adosa a la segunda muralla defensiva y tiene una curiosa planta trapezoidal. En el interior destaca un banco corrido que rodea toda la estancia, paredes enlucidas decoradas con pinturas al fresco y un artesonado de madera, hoy perdido.

Adosado a la segunda muralla, por su lado este, se encuentra una gran nave rectangular abovedada. En el piso superior se distribuyen las celdas de los monjes, la residencia prioral y la del pitancero. Bajo los dormitorios encontramos un gran espacio o bóveda al que se accede directamente desde la liza a través de la llamada puerta de Hierro. Esta nave servía de entrada al conjunto conventual y junto a ella localizamos la portería.

A continuación, en la fachada meridional de la segunda muralla, se disponía una estructura rectangular que albergaba almacenes en la planta inferior. En la superior se documentan celdas y la enfermería del convento. Era el llamado corredor de los caballeros, edificio que sería derribado por completo en el siglo XVIII para construir en su lugar unos nuevos aposentos para los religiosos. Seguidamente, en otro edificio también de época moderna, se hallaba la hospedería y la biblioteca.

Ocupa un amplio espacio que se extiende longitudinalmente a lo largo de toda la fachada de poniente del conjunto de Calatrava la Nueva. Estaba perfectamente delimitada por la muralla exterior y por el tercer muro defensivo. Se podía acceder a ella desde la zona de la iglesia, desde la liza e incluso desde fuera del edificio, pues existía una poterna para tal fin.

Parece lógico pensar que el recinto de la villa vieja estuviera destinado a albergar una puebla. Un castillo-convento de las características de Calatrava la Nueva necesitaba de todo un conjunto de sirvientes, artesanos, proveedores, peones, etc. que con sus familias debieron residir en este lugar. La falta de excavaciones nos impide ser más precisos, aunque se documentan dos albercas castrales destinadas al ganado. En la zona norte, adosándose a la iglesia, destaca la llamada casa de los Pavones, construida en época de los Reyes Católicos, edificio que se arruinará pronto siendo reutilizado con posterioridad como palomar. En cualquier caso, esta puebla nunca llegó a consolidarse.

Todo el conjunto de dependencias descritas estaba defendido por un triple recinto amurallado. De fuera adentro, distinguimos:

- Antemuro

La primera muralla, hoy muy deteriorada y en parte desaparecida, la podemos considerar como un antemural que protegía los lienzos principales del conjunto. Tenía dos puertas, una septentrional, la llamada puerta Norte, a la que se llegaba por una variante del camino principal y otra al este, la puerta de los Arcos. Hacia el exterior, esta primera barrera estaba protegida por un foso de entre 5 y 10 metros de anchura.

Entre el antemuro y el segundo recinto defensivo quedaba un espacio en teoría vacío: la liza. A pesar de ello, las excavaciones han documentado diversas estructuras como un aljibe, unos baños y otras dependencias auxiliares (siglos XII-principios del XIII). Desde la liza se podía pasar tanto a la villa vieja como a la zona del convento.

- Muralla principal

El segundo recinto defensivo estaba formado por la muralla que servía de defensa a la iglesia, convento, castillo y puebla. Similar a la anterior, aunque mucho más fuerte (2 m. de espesor) y extensa (unos 900 m. de longitud), tiene la facultad de cerrarse sobre sí misma. Conserva el paseo de ronda y un buen número de almenas y se aprecian varias fases constructivas, algunas contemporáneas al castillo de Dueñas (siglo XII). También se documentan algunas torres de flanqueo, unas de planta semicircular, otras cuadradas, así como una interesante torre pentagonal en el extremo septentrional. Todas ellas son macizas, aptas para las labores de centinela y vela, salvo una, la denominada torre Norte que debe datar del siglo XII.

En cuanto a las puertas, se contabilizan cinco: en el extremo norte el portillo que servía de acceso a la zona de la puebla, más al sur la llamada puerta Norte, defendida por la torre homónima; a continuación, la puerta del Hierro que da paso al convento; la puerta del Sol, dando entrada a la puebla y finalmente, una última portezuela al oeste.

- Muralla interior

El último recinto lo constituía la muralla de separación de la zona noble (el ámbito de la iglesia, el convento y el castillo) de la villa vieja. Se trata del lienzo más débil y corto y fue construido, probablemente, entre los siglos XIV y XV. Destacan los cuatro borjes o torreones de planta casi circular que le sirven de defensa y apoyo, más otro más, hoy desaparecido que conocemos por la documentación.

Entre el castillo y esta muralla se localizan un interesante conjunto de dependencias auxiliares (talleres, fraguas, hornos, graneros, molinos, tahonas) que se abrían a ambos lados de una estrecha calle que, bordeando el castillo, comunicaba la entrada principal del convento con la fachada de la iglesia.

Multimedia

Personajes y leyendas

Eventos culturales

Se realiza en Otoño. Para mas informacion visitar la informacion localizada en la pagina web del castillo

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