La Orden de Calatrava fue una de las principales órdenes militares surgidas en el contexto de la Reconquista en la Península Ibérica. Su origen se remonta a 1158, cuando el rey Sancho III de Castilla confió la defensa del castillo de Calatrava, una posición estratégica frente a Al-Ándalus, a un grupo de monjes guerreros con apoyo del abad Raimundo de Fitero. Así nació una orden que combinaba la disciplina monástica con el fervor de la lucha. Pronto fue reconocida por el Papa Alejandro III, y adoptó la regla del Císter, lo que le dio una identidad más austera y estricta que otras órdenes.
Su símbolo era la cruz flordelisada de color rojo, que todavía hoy se asocia con la historia militar y religiosa de España. Los caballeros de Calatrava participaron en numerosas campañas, especialmente en la defensa y expansión del territorio castellano hacia el sur. Con el tiempo, la orden acumuló grandes propiedades, castillos, encomiendas y un notable poder político, convirtiéndose en una de las instituciones más influyentes del reino. Al igual que ocurrió con otras órdenes, su papel militar se fue desdibujando tras la Reconquista, y acabó bajo el control de la Corona española en tiempos de los Reyes Católicos. Hoy, la Orden de Calatrava subsiste como una institución honorífica ligada a la historia y la nobleza, un símbolo de una época donde la espada y la cruz iban de la mano.