Castillo de Montiel
El castillo de La Estrella, en Montiel (Ciudad Real), se alza sobre un cerro estratégico que domina el valle del Jabalón, en un punto clave de las comunicaciones medievales entre el norte y el sur peninsular. De origen andalusí, fue inicialmente un hisn islámico que articulaba la defensa y la organización territorial. Tras su conquista por la Corona de Castilla en 1227, pasó a ser la sede de una importante encomienda de la Orden de Santiago. La fortaleza, reconstruida en época cristiana, destaca por su compleja estructura defensiva, la torre del homenaje y la iglesia de Santiago en su interior. En su entorno se documentan vestigios de poblamiento continuo desde la Antigüedad, incluyendo una maqbara islámica y un barrio artesanal. Durante siglos, fue centro económico y ganadero, y desempeñó un papel crucial en conflictos como la batalla de 1369 entre Pedro I y Enrique de Trastámara. El yacimiento conserva restos de gran valor arqueológico que reflejan su evolución histórica y su significado simbólico como espacio de poder y frontera.
Para visitar el castillo, aparca cerca de la Iglesia de San Sebastián. Camina hacia la plaza mayor, toma la calle Don Pedro y sube por el callejón. El recorrido atraviesa la zona excavada de la puebla, el cual es gratuito y llega al castillo en la cima. La visita del castillo solo se reliza con vista guiada. La entrada con visita guiada cuesta 25€ para grupos de hasta 8 personas; para grupos mayores, 13€ por persona.
La puebla y la ladera del castillo son de acceso libre y gratuito, sin horarios. El castillo solo se visita con guía y previa cita.
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Localización
El actual castillo de La Estrella, conocido históricamente como el castillo de Montiel, se alza sobre un cerro testigo que domina la localidad homónima, en el extremo nororiental del valle del Jabalón, justo donde el río Segurilla entrega sus aguas. Esta elevación, situada a unos 960 metros sobre el nivel del mar, está compuesta principalmente por arcillas, aunque en su cima se observan prominentes afloramientos calcáreos que forman auténticas tobas, ofreciendo una base natural idónea para la edificación defensiva.
Desde el punto de vista orográfico, el cerro ocupa una posición privilegiada. Rodeado por todos sus flancos salvo por el oeste, se convierte en un balcón natural hacia la llanura manchega. Esta configuración estratégica no pasó desapercibida en la Edad Media, cuando el entorno fue densamente ocupado. Fortalezas como la de San Polo, situada en una cota cercana, y numerosas atalayas que custodiaban los caminos, dan testimonio de la importancia militar y de control territorial que ejercía esta zona.
La localización del castillo no fue fruto del azar. Desde aquí se controlaban varias rutas de gran relevancia. Una de ellas conectaba Mérida con el Levante, atravesando Calatrava y siguiendo el antiguo trazado de la Vía Augusta, en dirección a los pasos de Alcaraz. Otra, de origen islámico, enlazaba Cuenca con Granada, articulando el eje norte-sur y desempeñando un papel fundamental en la organización del territorio durante toda la Edad Media. En ese cruce de caminos, Montiel se consolidó como uno de los enclaves más destacados del sur de La Mancha.
El entorno del castillo también refleja un profundo vínculo con las formas de explotación del paisaje. En época medieval, la economía de la zona estuvo centrada en el cultivo cerealista, aunque también se desarrollaron huertas fértiles, especialmente a los pies de la fortaleza. Este sistema de regadío era comparable al de otras zonas privilegiadas del Campo de Montiel, como Villanueva de la Fuente. Además, a lo largo del siglo XV comenzaron a mencionarse actividades artesanales y comerciales, entre las que destaca, sorprendentemente, un taller dedicado a la elaboración de vidrio, algo inusual para la región.
Ahora bien, si hay un elemento que defina el papel de Montiel en la organización económica medieval, ese es su carácter ganadero. A partir del siglo XIII, el área se convirtió en un centro de pasto y tránsito de ganado de primer orden. Prueba de ello son las extensas dehesas que rodeaban el enclave —como La Vicaría, Capitana o Valverde— y el intenso uso de cañadas y caminos ganaderos, cuya presencia queda aún reflejada en el parcelario actual. A pesar de la fragmentación administrativa y la pérdida de parte de su término municipal con el paso del tiempo, Montiel ha conservado buena parte del trazado original de estas vías y sus infraestructuras asociadas. El cobro de impuestos vinculados al paso del ganado, como el montazgo y el portazgo, refuerza la imagen de una fortaleza no solo defensiva, sino también integrada en las redes económicas del territorio.
Descripción
El castillo de Montiel engloba un importante conjunto arqueologico de epoca medieval que se extiende desde la ladera sur del cerro, en la que se encuentra tanto un barrio andalusi, asi como una puebla cristina que lo amortiza hasta la coronacion del mismo en el que se ubica el castillo de la estrella con una importante construccion poliercetica de la orden de santiago que amortiza un Hins de origen andalusi.
Elementos arquitectónicos
En la ladera meridional del cerro donde se asienta el castillo de Montiel se concentra uno de los conjuntos arqueológicos más significativos del lugar. Entre el antemuro de la fortaleza y la muralla que protegía la villa medieval, este espacio fue testigo de una intensa ocupación desde época islámica hasta la Edad Media cristiana. Aquí se excavó por completo la iglesia parroquial de Nuestra Señora de La Estrella, un templo tardorrománico que conservaba en su interior un valioso conjunto de vestigios históricos, patrimoniales y litúrgicos.
Bajo la nave sur del templo se documentaron estructuras industriales de época omeya —como hornos, piletas y una tahona— que fueron reutilizadas o amortizadas con la llegada del cristianismo. Especialmente revelador fue el hallazgo de una antigua maqbara o cementerio islámico (siglos XI-XIII), sobre la que se cimentó la parroquia, y el descubrimiento del llamado barrio andalusí: un conjunto urbano islámico con casas y calles cuya ocupación se remonta a los siglos VIII-IX y perdura hasta la época almohade.
Con la conquista de Montiel en el siglo XIII, se inició una nueva etapa de ocupación cristiana. La iglesia de La Estrella, construida sobre el antiguo cementerio musulmán, contaba con tres naves, cubiertas de bóveda y muros de sillería. En su interior se recuperaron objetos excepcionales: una imagen de la Virgen en bronce dorado, un sello parroquial, una bula papal y vasos litúrgicos. Además, se hallaron tres sarcófagos, uno de ellos decorado con escudos heráldicos y que albergaba los restos de una mujer envuelta en un velo de seda con hilos de oro.
El área circundante fue ocupada por un cementerio cristiano en uso hasta el siglo XV, con enterramientos de gran variedad formal y riqueza material. Algunos sepulcros, hechos en sillería o ladrillo, conservaban restos de ajuares como botones, pulseras o monedas colocadas con simbolismo funerario. También se hallaron varias estelas discoidales decoradas con cruces de brazos patados.

En este mismo espacio se localizó un pequeño oratorio extramuros, junto a la muralla urbana de la villa medieval. Esta cerca, cuya existencia solo conocíamos por las fuentes escritas, partía de la torre del homenaje del castillo y protegía la villa mediante un trazado irregular adaptado al relieve. Las excavaciones confirmaron su existencia mediante la localización de parte de su fábrica, incluida una torre semicircular de flanqueo.
El castillo propiamente dicho, que corona el cerro, presenta una organización compartimentada: antemuro, castillo principal y torre del homenaje. A esto se suma un albacar en la zona oriental, perteneciente a la primera fase islámica, fechada entre los siglos IX y XIII. Las murallas, de planta aproximadamente rectangular, se adaptan a la topografía y están reforzadas por torres de flanqueo de tipo prismático. Las técnicas constructivas empleadas incluyen el sillarejo a tizón y, en época almohade, tapial de hormigón para forrar estructuras anteriores o levantar nuevas torres como la destacada Torre del Gallo.
Con la conquista cristiana, se inicia una profunda transformación del conjunto. Sobre la base del hisn islámico se construye el castillo de la Orden de Santiago. Este edificio, de fábrica sólida y planta múltiple, fue seguido por un ambicioso programa constructivo entre finales del siglo XIII y comienzos del XIV. Las torres se recrecen, se construyen estructuras interiores con bóvedas y se adapta el roquedo para regularizar el espacio.
El acceso al castillo era especialmente complejo y estaba concebido como un sistema defensivo escalonado. El recorrido pasaba por la Puerta de Cuero, una liza controlada por la barbacana y la muralla principal, y una segunda entrada en recodo conocida como Puerta de Hierro, que desembocaba en un pozo-trampa y la entrada al patio interior. Dentro del recinto se han documentado distintas dependencias relacionadas con las funciones militares y económicas del castillo. Se conservan restos de aljibes, cocinas, cuadras, caballerizas y un horno de pan. En el sector sur apareció una fragua bajomedieval, sellada, donde se recuperaron una amplia panoplia militar.
Una de las estructuras más destacadas es la iglesia de Santiago, construida en el interior del castillo. Ocupa gran parte del tercio meridional de la fortaleza y estuvo destinada al culto de los freires, cuya torre, con tres vanos que nos remiten a las torres campanario de las iglesias románicas. En el interior del templo se ha documentado el altar mayor sobreelevado, elementos del ajuar, destacando varias campanillas y la base de la escultura de alabastro del apóstol Santiago que citan las fuentes. Está precedido de un pórtico tripartido, columnado en origen, que posteriormente fue cerrado. El edificio fue parcialmente reutilizado en el siglo XV como tahona, como hemos constatado arqueológicamente con un molino de sangre y restos de semillas.
En el extremo occidental del castillo se sitúa el complejo de la torre del Homenaje. Está formado por una muralla que lo individualiza del resto, un patio interior, un gran aljibe abovedado, y una escalera que subía a los adarves. La torre propiamente dicha tiene una división tripartita, con estancias en su interior cubiertas por bóveda de ladrillo. Sufrió los daños de un terremoto, en torno a 1460, por lo que tuvo que ser reformada. Hoy ha perdido gran parte de su altura original y sabemos que el acceso a la misma se hacía a través de una puerta elevada y un puente, lo que la hacía prácticamente inexpugnable. En su base se documentaba una amplia fresquera, en proceso de excavación, destacando el conjunto de grafitos medievales que se han descubierto en sus muros.

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